
En la historia de la música rock, hay momentos que quedan grabados en la memoria colectiva como instantes de grandeza, y el concierto de La Reserva en el Teatro al Aire Libre de Córdoba en 1989 es uno de esos momentos inolvidables. Aquella noche, la banda, en el pináculo de su carrera, participó en la Muestra Pop Rock de Córdoba, un evento que todavía se recuerda con reverencia.
La Reserva, con su mezcla única de letras profundas y una energía desenfrenada en el escenario, había labrado un nombre como una de las bandas más influyentes del panorama del rock en Andalucía. Pero lo que nadie sospechaba en ese momento era que este sería su último acto antes de la disolución.

El Teatro al Aire Libre vibraba con la electricidad de una audiencia ansiosa. La banda, compuesta por músicos excepcionales, entregó un setlist de 15 canciones, cada una cargada con la pasión y el compromiso que caracterizaba su música. Sin embargo, un pequeño incidente técnico dejó una marca única en el concierto: la cinta de casete en la que se grababa la actuación necesitó ser volteada, dejando una canción incompleta. Un recordatorio de que incluso las leyendas del rock están sujetas a las limitaciones del mundo físico.
La luminotecnia a veces insuficiente no quitó un ápice de autenticidad al espectáculo. La Reserva sonaba como una fuerza imparable, con una química musical que solo se logra después de años de tocar juntos. La audiencia, en éxtasis, se entregó por completo a la experiencia.

Cabalgando entre el rock de Billy Idol, Killing Joke, The Cult, The Cure, este repertorio tenía algunos guiños al funk rock californiano de finales de los 80 e incluso hacían una reverencia al house de Tod Terry Project y su clásico » The Week end» en el tema «Solo por hacerte una canción» con música de Pepe Atance y letra de Yonka.

Lo que hacía a La Reserva verdaderamente excepcional era su repertorio. Tenían suficientes canciones propias como para ofrecer un concierto de dos horas sin repetir una sola melodía, un testimonio del inmenso talento que poseían como prolíficos compositores, en el caso de Yonka, alimentado por las abundantes sugerencias de los músicos y arreglistas. Esta habilidad para contar historias a través de su música los elevó a un estatus legendario en la escena del rock.

Después de aquel concierto, La Reserva tomó la difícil decisión de poner fin a su carrera. Aunque su existencia fue efímera, dejaron un legado musical que sigue influenciando a generaciones posteriores de músicos y amantes del rock.
El concierto en el Teatro al Aire Libre de Córdoba en 1989 fue el capítulo final de una epopeya musical. Una noche que demostró cómo una banda puede llegar a ser algo más que un grupo de músicos: pueden convertirse en leyendas que trascienden el tiempo y el espacio, dejando una huella imborrable en la historia del rock.
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